Intervención en Parejas

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Cuando una pareja llega a consulta lo suele hacer por dos motivos: o bien por un problema ocasional que ha sobrevenido a la familia, como por ejemplo la muerte de un hijo, un aborto o la enfermedad de alguno de los cónyuges; o bien por un conflicto que se alarga en el tiempo y no está definido.


En el primer supuesto, la pareja -y en su caso los hijos- resuelven el duelo, la familia se reestructura y, si todo está en orden, siguen adelante.

En el segundo caso, cuando la ayuda que demanda la pareja es la resolución de un conflicto que está por precisar, entonces esta misma, es la primera tarea: la definición de cuál es el problema entre ellos.

Cada uno de los miembros de la pareja expondrá los hechos desde su versión o desde su vivencia y en la mayoría de los casos se mostrarán convencidos de que es el otro o la otra quien tiene la responsabilidad. Muchas veces llegarán con la “esperanza” de que, por fin, alguien les acabe dando la razón.

Así las cosas, lo que más urge en la intervención con parejas es realizar un nuevo encuadre, definiendo el patrón relacional que mantienen.  Es decir, qué hace o deja de hacer cada uno de ellos para que el otro o la otra respondan de esa manera y no de otra.

Por regla general, al definir el patrón, se define el problema y se puede intervenir.

Haré referencia en este escrito solo a los problemas más frecuentes que se plantean.

La pareja que no se «comunica»

En la mayoría de las parejas que exponen esta queja: “no hay comunicación”, se trata de un síntoma que obedece a dos situaciones subyacente aunque hay excepciones y no siempre es así. Añadamos además que la duración de este síntoma nos ayudará a discernir cuál de las dos tiene que ver más con la pareja que tratamos.

En el primer caso si el síntoma que ha aparecido es relativamente reciente -entre algunos meses y un par de años atrás, como mucho-, lo habitual es que esté enmascarando una situación donde alguno de los dos miembros de la pareja siente que la relación se acaba. Dicho de otro modo: se quiere ir pero que no encuentra la forma de decirlo y de expresarlo abiertamente (sea consciente o no de ello); y así la expresión de ese silencio, que su pareja interpreta a su vez como “falta de comunicación”, está “comunicando” malestar y deseo de marcharse. Precisamente porque el silencio tiene mucho contenido, cuando una persona no le habla a otra, cuando no la mira, cuando no la tiene en cuenta, una de las cosas que puede estar diciendo es: no quiero estar aquí, no me interesa. Hay que tener siempre presente que no es posible la no comunicación, es decir, siempre estamos comunicando, sea con las palabras o sin ellas.

Es la primera premisa de la comunicación humana, “no es posible no comunicarse”; (Teoría de la Comunicación Humana, Paul Watzlawick).

Abandonar a otra persona siempre es duro y doloroso, y a veces se opta por cambiar el comportamiento, sin que sea algo totalmente premeditado o consciente, con la fantasía de que sea el otro o la otra quien finalmente ponga fin a la relación. En estos casos, una ruptura puede acabar siendo mucho más dolorosa de lo que lo sería si se planteara abiertamente la situación.

En ocasiones, se accede a terapia pensando en dejar a la pareja con la que se convive, de ahí que no se acuda con la intención de “salvar la relación”, sino con la de encontrar la forma de ponerle fin. Por el mismo motivo, tampoco en la sesión se hablará abiertamente, pero si se mostrarán las resistencias a aceptar las propuestas de cambio, como una forma de decir: yo no quiero esto.

Otra cosa distinta es cuando la pareja lleva más tiempo con este síntoma, quizá alrededor de 10 ó 15 años, lapso que normalmente suele coincidir con el que llevan juntos. Si es el caso, lo más probable es que el síntoma esté enmascarando otro conflicto más profundo entre ellos. A buen seguro, tendrá que ver con cómo se sienten “tratados” el uno por el otro, algo que no les hace cuestionarse la continuidad de la relación, pero que hace que tampoco  les acabe de resultar satisfactoria.

En este apartado de cómo se sienten “tratados” se incluye qué prioridad se le da a la pareja frente a la familia de origen, los amigos, el trabajo… En este caso, se trata de restablecer un nuevo orden de prioridades en la estructura de relación, un orden que sea apropiado para cada uno de los miembros.

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